NOVENA AL SEÑOR DE LA COLUMNA DE ATOTONILCO
HISTORIA DE LA DEVOCIÓN
En este santuario se venera una imagen de Cristo atado a la columna durante la flagelación, escena que recuerda los sufrimientos que padeció nuestro Señor antes de su crucifixión.
La imagen, profundamente expresiva y conmovedora, ha despertado durante siglos una gran devoción entre los fieles, quienes acuden a pedir consuelo, perdón y fortaleza espiritual.
Desde tiempos coloniales, los peregrinos han rezado la Novena al Señor de la Columna, meditando cada día en los sufrimientos de Cristo y en el amor infinito con que aceptó la flagelación para redimir a la humanidad.
Esta novena invita a contemplar:
- La paciencia de Cristo ante el sufrimiento
- Su misericordia hacia los pecadores
- El llamado a la conversión y al arrepentimiento
ACTO DE CONTRICION
Señor mío Jesucristo, Padre
amorosísimo y dulce Redentor de mi alma: me pesa de todo corazón haber pecado:
aborrezco mis culpas que fueron la causa de tus dolores en el infame, cruel y
sangriento suplicio de la columna. ¡Oh Padre Eterno! ¿por qué consientes que en
ella sea tu Hijo tratado como ladrón, y tenido por hombre, herido y castigado
del mismo Dios? Mis pecados provocaron tu justicia, y es más justo que yo sea
castigado por ellos: yo soy el que pequé: este Cordero inocente ningún mal ha
hecho: convierte tu mano contra mí, y descarguen los azotes sobre mis espaldas,
para que pague la pena quien cometió la culpa. ¡Oh infinita caridad de mi
amable Jesús, que quiso padecer como esclavo para darme libertad! En esa sangre
espero amarte siempre, y perseverar en tu santo servicio hasta el fin de mi
vida. Amen.ORACIÓN INICIAL (PARA TODOS
LOS DÍAS)
Que al meditar tu pasión aprenda a rechazar el pecado, a practicar la virtud y a corresponder a tu infinito amor.
Te lo pido por tu misericordia infinita, tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
TIERNOS AFECTOS
Con
ásperos cordeles
¡Quién
tal cosa creyera!
A
una columna atada
Mirando
estoy la misma fortaleza.
Al
Hijo del Eterno,
Al
que sin resistencia
Con
palabra imperiosa
Del
caos sacó los cielos y la tierra.
Al
Dios Omnipotente,
Que
en un querub se sienta,
Y
en alas de los vientos
Como
Señor del universo vuela.
Al
que creó finalmente
Con
amorosa diestra
Al
hombre, para hacerlo
Imagen
viva de su misma esencia.
A
este, sí, estoy mirando
En
la mayor tormenta,
Cercado
de dolores,
De
baldones, de injurias y de afrentas.
Pero
¡cuán silencioso!
¡Cuán
paciente se muestra!
Abiertas
veo sus carnes;
Mas
él no abre su labio ni se queja.
En
arroyos la sangre
Corre
ya por la tierra,
Y
con crueles azotes
Surcos
se forman en sus carnes tiernas.
Los
verdugos se cansan,
Se
mudan, se renuevan;
Mas
tu Dios inmutable
Padecer
más y más por ti desea.
Cristiano,
seas quien fueres,
Reconocido
llega
A
ese Dios, a ese Padre,
Que
por librarte sufre tantas penas.
Contra
ti la escritura
Y
terrible sentencia
Estaba
ya firmada;
Pero
con esa sangre se cancela.
Luego
adórala humilde,
Pues
sin duda con ella
Tu
Redentor escribe
El
perdón que merece tu soberbia.
Llégate
a esa columna
Y
esos cordeles besa
Que
ataron esas manos
Que
tantos beneficios te dispensan.
Derrama
arrepentida
Lágrimas
verdaderas,
Y
llorando tus culpas
Haz
que allí mismo para siempre mueran.
Sí,
Redentor amable,
Mi
contrición acepta:
Y
desde ahora te entrego
Alma,
vida, sentidos y potencias.
Los
placeres renuncio
Que
me ofrece la tierra,
Y
el cielo sea testigo
De
que te amo con toda preferencia.
ORACION PARA TODOS LOS DIAS
Dios y Señor mío, omnipotente, eterno, inmenso, infinito, que por mi amor te hiciste hombre para redimirme con tu sangre, y sumergirte en un abismo de penas desamparado y solo ¿A quién no enternecerá tu soledad, Redentor divino? ¿Corno no hay hombre que de tí se duela y compadezca? Tierna bendita, y regada con la sangre de mi Señor y Criador, humildemente te beso: azotes y abrojos teñidos con su preciosa san ore, desde hoy os pongo sobre mi corazón, y te suplico sane las llagas de mis aficiones desordenadas, y me llague con su divino amor. ¡Oh dichosa columna, en la cual fué atado y azotado el que es columna del mundo y fortaleza de todo lo criado! ¡Oh columna soberana, labrada y esmaltada con la sangre del Hijo de Dios, liberalmente derramada para hacer a los hombres fuertes en el templo de Dios vivo! ¡Quien pudiera estar atado contigo para ser bañado con esa sangre, y quedar hecho columna en el servicio del que tanto padeció por mi remedio! ¡Oh columnas del cielo! ¿Qué hacéis? ¿Cómo no tembláis de espanto viendo azotado a vuestro Dios en esa columna? ¡Oh, Jesús, columna firmísima en quien estriba todo el mundo! compadécete de tí mismo, vístete de tu fortaleza, porque te has desangrado y enflaquecido, y estás a punto de desfallecer y pues todo esto padeces por mis culpas, fortaléceme con tu gracia para que yo las castigue y me enmiende de ellas. Amen.
Virgen soberana, madre de Dios, y también madre nuestra, y la más atormentada
de todas las madres del mundo: por el incomparable dolor que sintió vuestro tiernísimo corazón al ver el cuerpo adorable de vuestro hijo cubierto de sangre, herido y destrozado en la columna, os suplico humildemente tengáis piedad de mí, infeliz pecador, que, aunque fui causa de su pasión y vuestros dolores, espero me alcancéis, por caridad, que mi alma logre el fruto copioso de la redención. Mirad, madre dulcísima, que con esto cumplís los deseos del infinito amor que vuestro Unigénito muestra por mi salvación, y los ardientísimos del vuestro, que como madre de pecadores manifestáis, y creo tenéis por el mayor de todos ellos. Asistidme en vida y muerte, para veros y alabaros en la gloria. Amen.
Se concluye con una Salve.
DÍA PRIMERO
La obediencia de Cristo: Considera cómo Jesús, siendo inocente, acepta ser atado a la columna y recibir crueles azotes.
Él, que es el Señor del universo, se somete humildemente a sus verdugos para cumplir la voluntad del Padre y redimir al mundo.
Aprende de Cristo la obediencia a Dios y la aceptación de las pruebas.
JESÚS
ES SENTENCIADO A LA COLUMNA
Azotes,
Pilatos
Por sentencia manda
le den; y Jesús
por nosotros paga
¡Oh Jesús obedientísimo! Gracias te doy por haber aceptado sentencia tan cruel, tan infame y tan injusta, y porque con ser tal, la obedeces sin apelar m suplicar, ni decir palabra de queja, ni dar muestra de sentimiento contra ella, antes bien de muy buena gana ofreces tu inocente cuerpo a los azotes en satisfacción de mis pecados, para sanar con las llagas de todo tu cuerpo las llagas de toda mi alma. ¡Oh amantísimo Jesús! tú me provocas a servirte y amarte, pues mostrándome descubiertas tus entrañas con azotes, me obligas a que yo te dé las mías con todos sus afectos. Pues veme aquí, Señor, dispuesto por tu amor para los azotes, con ánimo de aceptar la sentencia que dieres contra mí, porque ni será injusta, pues no tú, sino mis pecados la merecen, ni será infame ni cruel, siendo sentencia de un padre que azota al hijo que ama, para que se enmiende.
Asísteme con tu divina gracia. Amen.
DÍA SEGUNDO
La paciencia en el sufrimiento: Contempla a Jesús soportando los azotes sin quejarse. Cada golpe abre nuevas heridas en su cuerpo, pero su corazón permanece lleno de amor.
ORACIÓN
Señor mío Jesucristo, dame paciencia en las dificultades de la vida. Que cuando llegue el dolor recuerde tus sufrimientos y los una a los tuyos.
Amén.
JESÚS
DESNUDO Y TRAÍDO A LA COLUMNA
Desnudo
y mofado
de
la vil canalla,
Jesús
a este precio
nos
viste de gracia
¡Oh modestísimo Jesús y Dios de toda pureza y santidad! Gracias te doy por haber querido pasar tan gran vergüenza al verte desnudo delante de la profana inicua muchedumbre de los soldados, y oír con paciencia la grita, burlas y blasfemias con que te improperaban, en castigo de la desvergüenza con que yo me desnudé la vestidura de tu gracia, y en precio para que yo comprase esta vestidura sagrada con que se cubra mi miserable desnudez. ¡Oh amantísimo Señor, que me persuades compre de tí oro puro y encendido de caridad, y vestiduras blancas de virtud, con las cuales me libre de la eterna confusión que merecía por estar desnudo de ellas! Yo te ofrezco por precio de ellas, la desnudez y sonrojo que padeciste, con un corazón determinado a desnudarme de todo lo terreno: por ella te suplico me vistas con tu divina gracia, para que no caiga en la confusión eterna. Amen.
DÍA TERCERO
El amor que redime: Cada gota de sangre derramada por Cristo es prueba del amor con que quiso salvarnos. Nada lo detuvo: ni el dolor, ni la humillación.
ORACIÓN
Señor de la Columna, haz que nunca olvide el precio de mi redención. Que tu sangre preciosa me mueva a vivir una vida santa.
Amén.
JESÚS
DESNUDO Y TRAÍDO A LA COLUMNA
Desnudo
y mofado
de
la vil canalla,
Jesús
a este precio
nos
viste de gracia
¡Oh modestísimo Jesús y Dios de toda pureza y santidad! Gracias te doy por haber querido pasar tan gran vergüenza al verte desnudo delante de la profana inicua muchedumbre de los soldados, y oír con paciencia la grita, burlas y blasfemias con que te improperaban, en castigo de la desvergüenza con que yo me desnudé la vestidura de tu gracia, y en precio para que yo comprase esta vestidura sagrada con que se cubra mi miserable desnudez. ¡Oh amantísimo Señor, que me persuades compre de tí oro puro y encendido de caridad, y vestiduras blancas de virtud, con las cuales me libre de la eterna confusión que merecía por estar desnudo de ellas! Yo te ofrezco por precio de ellas, la desnudez y sonrojo que padeciste, con un corazón determinado a desnudarme de todo lo terreno: por ella te suplico me vistas con tu divina gracia, para que no caiga en la confusión eterna. Amen.
DÍA CUARTO
El silencio de Cristo: Ante las burlas y las injurias, Jesús guarda silencio. No responde con ira, sino con mansedumbre.
ORACIÓN
Jesús paciente, enséñame a dominar mi lengua y a responder al mal con el bien.
Amén.
JESÚS
CON VARIEDAD DE INSTRUMENTOS AZOTADO EN LA COLUMNA
Con
garfios, espinos
y
cadenas, rasgan
cruelmente
a Jesús
su
carne sagrada.
Benignísimo Jesús, que con tanto amor por los hombres te dignaste satisfacer las monstruosas operaciones de las culpas, sufriendo en tus espaldas sagradas y cuerpo divino la diferente variedad de monstruosos azotes: gracias te doy por la paciencia con que toleraste tan desapiadados golpes, que penetrando tus inocentes carnes te sacaron tanta sangre, que como arroyos se vertía por el suelo.
¡Sangre divina, que corre matizada con las infinitas virtudes de mi Salvador, humildad, paciencia y caridad! ¿Y es posible que un Dios de soberana majestad derrame sangre tan preciosa por una criatura tan vil como yo? ¿Y qué tan á costa tuya, Jesús mío, busques mi remedio, haciendo de tu sangre medicina para mi pecado? Bendita sea tu bondad sin medida. ¿Cómo te amaré de todo mi corazón, y como imitaré tus gloriosas virtudes? Solo por tu gracia seré capaz de corresponder agradecido: no me la neguéis, Salvador mío. Amen.
DÍA QUINTO
El arrepentimiento del pecador: La flagelación de Cristo nos muestra la gravedad del pecado. Cada pecado fue causa de sus sufrimientos.
ORACIÓN
Señor misericordioso, dame un corazón verdaderamente arrepentido. Que deteste el pecado y busque siempre tu perdón.
Amén.
JESÚS
DESTROZADO POR LA FEROCIDAD DE BRUTALES VERDUGOS, EN LA COLUMNA
Verdugos
alternan
su
furia y su saña:
de
mostrar amor
Jesús
no se cansa
rigor: el demonio desencadenado en esta hora, que era del poder de las tinieblas,
los atizaba por si conseguía mover a Cristo á la impaciencia; y los príncipes de los sacerdotes y judíos, ingratos también, les pondrían fuego, para hacer terrible el infame suplicio. Pondera que estos verdugos se remudaban hasta cansarse. ¿Qué sentiría el amante Redentor de los hombres en tormento tan sangriento y porfiado?
Pacientísimo Jesús, que con infinita liberalidad quisiste con tu sangre pagar la pena que merecieron mis culpas, ofreciendo tu cuerpo a la infernal furia de inhumanos sayones, quienes con crueldad sin ejemplo se remudaban para golpearte por todas partes, sin perdonar brazos ni hombros, y todo el pecho, hasta descubrirte los huesos: gracias te doy, y convido a los ángeles y hombres
que te alaben por tan amorosa dignación. ¿No bastaba, Redentor adorado, ¿una lágrima sola tuya para remediar mi miseria? ¿Pues cómo te has abandonado a la furia de tantos insolentes verdugos, comparables, como está escrito, a perros, toros, unicornios, y brutos feroces? Bien conozco, Jesús mío, que tu amor por mi alma no quedaba con menos satisfecho. Hazme agradecido, ámate yo como tú me amas, triunfe yo por tus llagas dé mis pasiones, que son verdugos que se
conjuran contra mí, y persevere, aun á costa de mi sangre, en tu gracia. Amen.
DÍA SEXTO
La misericordia de Cristo: Aun en medio de los tormentos, Jesús sigue amando a los pecadores. Su corazón permanece abierto a todos.
ORACIÓN
Señor de la Columna, enséñame a ser misericordioso con los demás. Que perdone como tú perdonas.
Amén.
LA
MULTITUD DE AZOTES QUE JESÚS RECIBE ATADO A LA COLUMNA
Multitud
de azotes
en
Jesús descargan,
cuantas
repetimos
culpas
que lo ultrajan
Misericordiosísimo Salvador de los pecadores, solo la inmensa multitud de tus misericordias, y aquel tu amor infinito, que donde abundó el delito quiso sobreabundara la gracia, pudo sufrir tal multitud de azotes: gracias te doy por haber tan abundantemente hecho penitencia por mis gravísimas culpas, y por la invencible paciencia que tuviste para sufrir el prolongado martirio, especialmente por la voluntad que manifiestas en recibir más y más crueles azotes si fuera menester para nuestro remedio. ¡Oh voluntad adorada de mi dulce Redentor! ¡Como sedienta de padecer por los hombres, nunca dijiste basta, hasta que la rabia de tus enemigos quedó harta, y la justicia de Dios satisfecha! Concédeme, por tu gracia, grande aborrecimiento de mis pecados, y deseo de castigarlos yo mismo con penitencias, para lograr de este modo el tesoro precioso de tu sangre. Amen.
DÍA SÉPTIMO
La humildad de Cristo: El Rey del cielo aparece humillado, atado y golpeado por los hombres. Su ejemplo nos enseña la verdadera grandeza.
ORACIÓN
Jesús humilde, líbrame del orgullo y dame un corazón sencillo.
Amén.
LA
ENORMIDAD DE NUESTROS PECADOS HACE ATROZ EL TORMENTO DE JESÚS EN LA COLUMNA
Pecados
atroces
que
el mundo cargaba,
sobre
sí Jesús
pone
en sus espaldas
Jesús mío afligidísimo y médico soberano de los pecadores miserables: ¡Óh quien tuviera luz del cielo para contemplar la figura lastimosa que tenías en esa columna! ¡Quien tuviera caridad tan encendida, que bastara a transformarme en esa figura, por la fuerza de la compasión! ¡Oh el más hermoso de los hijos de los hombres! ¿Quién te ha quitado la belleza y hermosura que tenías? ¡Oh resplandor de la gloria del Padre! ¿quién ha obscurecido el resplandor de tu rostro? ¡Oh varón sobre todos los varones deseado, y esperado de todas las gentes! ¿quién te ha convertido en varón de dolores, y hecho abominación de todas ellas? Mis pecados, y los del mundo entero han sido la causa, y te pusieron como leproso, siendo tú la salud de los leprosos. Gracias te doy por esta dignación, y te suplico presentes el clamor de tu sangre al Padre Eterno, no pidiendo venganza como la de Abel, sino misericordia y perdón; y pues no puede dejar de ser oído este clamor, tengo confianza he de ser perdonado de todas mis culpas. Amen.
DÍA OCTAVO
La fortaleza en la fe: Cristo soporta el sufrimiento sin abandonar su misión salvadora. Su fortaleza nos anima a perseverar.
ORACIÓN
Señor de la Columna, fortalece mi fe para permanecer fiel en toda circunstancia.
Amén.
JESÚS,
POR TENER UN CUERPO PERFECTÍSIMO, SINTIÓ MÁS VIVAMENTE LOS AZOTES EN LA COLUMNA
Cuanto
es más perfecta
su
carne adorada,
son
tanto a Jesús
sensibles
sus llagas
y por resistir al pecado.
Perfectísimo Jesús, mi Señor y mi Dios, que, concebido por obra del Espíritu Santo en el vientre purísimo de la Virgen más casta, tomaste un cuerpo el más sensible y la carne más delicada: gracias te doy por haber querido con esto sentir con más viveza la crueldad de tantos sangrientos azotes, enseñándome a despreciar mi carne, entregarla con un aborrecimiento santo a la mortificación,
y castigar en mí con justa penitencia las culpas que cometí infeliz, y tú no tienes.
Sobre tus espaldas, oh divino Redentor, hemos fabricado los pecadores, arándolas, como a una tierra dócil y delicada; pues como el arado penetra la tierra y la surca toda, así los azotes surcaron tu santísima carne. ¡Oh tierra virginal y blanda! ninguna necesidad tenías de ser arada, si la compasión que tenías de la dureza de mi corazón no te moviera a ello. Penetraste, Dios mío, con el arado de la compunción, para que sienta mi carne los dolores que penetraron la tuya, y pueda de esta manera servirle y agradarte hasta mi muerte. Amen.
DÍA NOVENO
El amor que vence: La flagelación no fue derrota, sino el camino hacia la victoria de la cruz. El amor de Cristo vence al pecado y a la muerte.
ORACIÓN
Señor Jesucristo, haz que tu amor transforme mi vida. Que nunca me aparte de ti y que viva siempre en tu gracia.
Amén.
JESÚS
CAÍDO EN TIERRA AL DESATARLO DE LA COLUMNA
Al
fin del castigo
á
Jesús desatan,
y
de la columna
caído,
se desangra
tentando por el suelo, en busca de sus vestiduras para cubrir su cuerpo llagado!
Amabilísimo Jesús, amante esposo de las almas, que, escogido entre millares, mas herido de nuestro amor que de tantos atroces azotes, caes en tierra desfallecido: gracias te doy por la angustia que padeces revolcándote en tu propia sangre al pie de la columna, por librarme a mí de la angustia y pena eterna. ¡Oh Rey del cielo, que ayudáis a todas las criaturas en sus obras, porque sin vos no pueden hacer cosa alguna! ¿Cómo no tenéis quien os ayude en tanta Necesidad? ¡Oh vestiduras sagradas, que sanasteis el flujo de sangre de la mujer que tocó en vuestro ruedo, y dabais salud a cuantos enfermos os tocaban! sanad las llagas de mi Salvador, y detened la corriente de su sangre, para que pueda padecer hasta dar fin a nuestra redención. Haz, Jesús mío benignísimo, que todos nos aprovechemos de ella, que tu sangre nos lave, tu gracia nos vista, y que no desfallezcamos hasta que habiendo padecido contigo seamos contigo glorificados en el cielo. Amen.
ORACIÓN FINAL
Señor de la Columna de Atotonilco, que quisiste padecer crueles azotes por nuestra salvación, te suplico que escuches las súplicas de quienes rezamos esta novena con fe.
Concédenos el perdón de nuestros pecados, la fortaleza en las pruebas y la gracia de vivir siempre unidos a ti.
Amén.
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